Sr. Damián Gómez Landero
(Concepción, Chile)
Vengan a mí todos ustedes, los agotados de tanto trabajar, que yo los haré descansar. - Mateo 11:28 (RVC)
Como cada día, me preparaba para ir a dar clases de religión. Pero este día, me sentía más cansado de lo normal, era un cansancio físico, pero era aun más agotador el cansancio espiritual. No tenía ganas de trabajar aquel día. Pedía al Señor que me diera ánimo y fuerzas para cumplir con mi labor diaria, que he realizado por más de nueve años. Salí como de costumbre a mi trabajo, sin fuerzas, pero pidiendo a Dios que me mostrara su amor en mi jornada de clases. Cuando me disponía a comenzar mi clase de religión, veo que entra a mi salón una de mis alumnas que se llama Paula, de cariño le decimos «Paulita» que tiene ocho años. En ese momento, me ve y corre a saludarme y abrazándome me dice: «Feliz cumpleaños profesor Damián. Lo quiero mucho».
Ese gesto tan simple fue la señal que le pedía a Dios aquel día. Le abracé y dije a mi pequeña alumna: «Gracias Paulita, es el mejor regalo que pude recibir en este día». Ver su sonrisa me trajo paz, alegría y renovó mis fuerzas en mi cuerpo y mi espíritu. Sentí que Dios me abrazó y me decía: «Te amo hijo, déjame a mí todas tus cargas». Nunca dejemos de orar. Dios escucha nuestro clamor y nos responde de múltiples maneras.
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