Sr. Dickson Okorafor
(Anambra, Nigeria)
Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias; ¡Alabémosle, bendigamos su nombre! - Salmo 100:4 (RVC)
Una tarde, mientras deslizaba sin rumbo la aplicación de la Biblia en mi teléfono, tropecé con el Salmo 100:4: «Entremos por sus puertas y por sus atrios con alabanzas y con acción de gracias». Me detuve ahí. «¿Será la gratitud la clave para hallar paz en el caos?». Busqué una libreta e hice una lista de tres cosas por las que dar gracias ese día: mi cama acogedora, el buen tiempo y el café matutino. Aunque no era impresionante, era un comienzo.
Un día, me sentía frustrado y al borde de las lágrimas. Comencé a escuchar música cristiana y a cantar. Me impactó mucho el coro de una de las canciones: «Tú jamás me abandonarás». En ese momento recordé todas las oportunidades en que Dios había sido fiel y mi frustración se desvaneció. Cuanto más practicaba el agradecimiento, más natural se me hacía. Daba gracias al Señor por las bendiciones: amistades que me apoyan, gran alegría en la familia y más confianza en Dios.
Cuando alabamos al Señor, reconocemos su bondad, fidelidad y amor inmutable. El Salmo 100:4 nos ofrece una visión hermosa de cómo el agradecimiento y la alabanza nos acompañan a las puertas de Dios y nos conducen a una relación más profunda con Dios. Poner en práctica este versículo cambió mi perspectiva, revivió mis relaciones personales y mi vida de oración y el cómo manejo el estrés. La gratitud se volvió un hábito, y la alabanza mi respuesta automática a las dificultades.
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