Sr. Jim Harris
(Virginia, EE. UU.)
Este es el día que hizo el Señor; regocijémonos y alegrémonos en él. - Salmo 118:24 (NVI)
En unas vacaciones en la playa, algunos de nosotros nos propusimos levantarnos temprano y ver el amanecer. Unos quince minutos antes, íbamos hasta la orilla para aguardar el momento. A medida que el cielo comenzaba a brillar con distintos colores y los alrededores se iluminaban, tomábamos fotos para capturar el avance del sol. Muchas veces podíamos ver a pelícanos que se deslizaban con gracia sobre la superficie del mar en busca de su desayuno y delfines que jugaban entre las olas.
Al asomarse el sol desaparecía cualquier otro pensamiento. Las cámaras disparan en el intento de tomar la imagen perfecta de la belleza y de la majestad del astro. Cuando ya había salido, leíamos devocionales y la Biblia. Pronto el resto de la familia estaría despierto y comenzaría el día, pero llevábamos en la memoria la serenidad y la belleza del inicio de un nuevo día — algo que nuestras fotos no podían capturar.
Ver el amanecer me inspira y me llena de esperanza. Comienza un nuevo día. En ocasiones escucho a la gente decir que no pueden esperar a que termine el año. ¡Pero no es necesario esperar! Cada día señala el fin de un año y el inicio de uno nuevo. Cada uno es un don de Dios. Cada mañana, cuando se levanta el sol, podemos abrir nuestros corazones y permitir que Jesús, el hijo de Dios, surja nuevamente en nuestro espíritu.
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