Sra. Valerie Clark
(KwaZulu-Natal, Sudáfrica)
Dichoso quien pone su confianza en el Señor... - Salmo 40:4 (NVI)
Una primavera mi esposo enfermó de gripe con la garganta inflamada, tos y dolores de cabeza. También perdió la voz. Ahora bien, aunque su cuerpo se recuperaba, la voz no. Por ser pastor, conferencista y profesor, se sentía perdido sin la voz. Debí ser su vocera para interactuar con otras personas a la vez que disminuyeron nuestros diálogos cotidianos.
Cuatro meses después visitamos a un especialista que nos informó que el virus había paralizado las cuerdas vocales. Debíamos aguardar para ver si regresaba en algún momento. A medida que pasaban los meses, el intentar hablar y ser entendido se le hacía agotador e incómodo, hasta que comenzó a retraerse y evitar los grupos de personas donde se frustraba por no poder expresarse. Fue un tiempo de dificultades y espera.
Pasado casi un año, su voz regresó y pudo volver a predicar. Pusimos nuestra esperanza en Dios, quien había estado siempre a nuestro lado, sosteniéndonos, amándonos y enseñándonos sobre paciencia y confianza.
A veces, adversidades inesperadas e inusuales ponen a prueba nuestra paciencia y confianza en Dios. Pero el Señor es siempre fiel.
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