Sra. Janka Krajciova Manning
(Nebraska, EE. UU.)
Sean, pues, aceptables ante ti mis palabras y mis meditaciones oh Señor, mi roca y mi redentor. - Salmo 19:14 (NVI)
Conducía de regreso a casa después de reunirme con una amiga, cuando observé una pequeña grieta en el parabrisas. No le presté mucha atención, pero al día siguiente se había extendido y ocupaba parte de mi campo visual. ¡Ahora sí me preocupaba!
Al verla, establecí la relación con el tema tratado en el estudio bíblico para mujeres. Habíamos estado conversando sobre el lenguaje y cómo utilizamos las palabras en la interacción con otras personas. Igual que la rajadura en el parabrisas, lo que comienza siendo pequeño —un chismecito, una pequeña mentira o una especulación inocente sobre alguna persona— puede escalar rápidamente y tener consecuencias por mucho tiempo.
Santiago 3:5 nos advierte: «Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!» (NVI). Como discípulos de Jesús, ¿acaso no deseamos que nuestras palabras despierten amor y compasión? Recordemos honrar al Padre celestial con nuestras palabras y animarnos siempre unos a otros.
Gracias al apoyo de los donantes, cualquier persona puede leer la meditación de hoy sin iniciar sesión por hasta 7 días.
Considere apoyar nuestro ministerio. Su donación o suscripción de pago ayuda a garantizar que lectores de todo el mundo sigan recibiendo aliento espiritual a diario.
Compartir en redes sociales