Sra. Stacy LS Siegele
(Kansas, EE. UU.)
Por lo tanto, anímense y edifíquense unos a otros, como en efecto ya lo hacen. - 1ª a los Tesalonicenses 5:11 (RVC)
Una vez participé de una carrera de 6 kilómetros en el zoológico de la ciudad de Kansas, junto a más de 2,000 corredores. Cada uno tenía un ritmo, estilo y forma de correr. Ahora bien, a pesar de esas diferencias, nuestra meta era la misma.
El curso de la carrera era confuso, de modo que había voluntarios a todo lo largo para indicar por dónde seguir. A veces estaban en senderos, otras en caminos secundarios que solo conocen los empleados del zoológico, ¡y en un momento incluso pasamos por el patio del sector interactivo! Por todo el camino, los voluntarios no solo nos mantuvieron en la senda correcta, sino que gritaban palabras de aliento: ¡Vamos! ¡Tú puedes! ¡Ya corriste más de la mitad!
Cuando el sendero se hacía estrecho y con curvas, había atascos de tráfico y era necesario reducir el paso y estar atentos a quienes estaban en nuestro mismo camino. Pero no hubo comentarios negativos, ni se enjuició a otros. El grupo se alentaba y animaba entre sí. El sentido de comunidad que se alcanzó fue asombroso.
Este es el tipo de comunidad a la que nos llama a ser Pablo en la cita bíblica de hoy. El apóstol nos indica alentarnos unos a otros. Somos uno en Cristo. Si nos abstenemos de juzgar al otro y lo animamos, establecemos un ejemplo positivo, señalando el camino hacia una línea de meta que nos acerca a Jesús.
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