Somos llamados

1 de septiembre, 2018 por Lindsay Gray

«Ponga cada uno al servicio de los demás
el don que haya recibido, y sea un buen
administrador de la gracia de Dios...».

— 1ª de Pedro 4:10 (RVC)

Como costumbre en mi iglesia, cada semana oramos confesando
nuestros pecados a Dios durante el servicio de adoración,
como una manera de reconocer nuestra humanidad y
reconciliarnos con Dios. Una versión de esta oración comienza
diciendo: «Dios misericordioso, confesamos que hemos pecado
contra ti en pensamiento, palabra y obra, por lo que hicimos y
por lo que dejamos de hacer».
En esta oración, la frase «lo que dejamos de hacer» tiene un
efecto profundo en mí. Si bien ciertamente mis acciones pueden
herir a otros, normalmente puedo nombrarlos y trabajar
para reparar el daño. Ahora bien, lo que «he dejado de hacer»
puede ser cualquier cosa. Tal vez dejé de lado mi práctica espiritual
personal por tener una semana muy ocupada o ignoré
a alguien en necesidad; o tal vez no llevé a cabo algún acto de
compasión del que ni siquiera estaba consciente.
Orar estas palabras como congregación es muy significativo.
Tal como nos lo recuerda el versículo bíblico citado arriba, cada
uno de nosotros ha recibido distintos dones espirituales, y cada
uno está llamado a servir de diversas maneras. Dios no llama a
una persona a hacer todo, sino que nos insta a utilizar nuestros
dones como cuerpo de Cristo para compartir la gracia de Dios
con el mundo. Juntos, podemos lograr todo aquello que Dios
nos pone por delante.
En este número de El Aposento Alto algunos
autores y autoras comparten su experiencia
al hacer y dejar de hacer y reflexionan
sobre cómo utilizan los dones que Dios les ha
dado. Al leer las meditaciones, le invito a que
considere cómo Dios le llama para utilizar
sus propios dones para servir a otras personas.
¿Cómo responderá al llamado?

— Lindsay L. Gray
Directora Editorial, The Upper Room


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Acerca de la guía de meditaciones

La misión de la revista El Aposento Alto es proveer una forma práctica de escuchar la Escritura, de conectarse con los creyentes alrededor del mundo y de pasar un tiempo con Dios cada día.

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