Sr. Lenny Wells
(Georgia, EE. UU.)
«Sean fuertes y valientes. No teman ni se asusten ante esas naciones, pues el Señor su Dios siempre los acompañará; nunca los dejará ni los abandonará». - Deuteronomio 31:6 (NVI)
Tanto mi padre como mi madre fallecieron jóvenes, enfermos de cáncer. También vi como mis abuelos lucharon contra la misma dolencia y desarrollé un fuerte temor a esa enfermedad.
Hace pocos años, ciertas pruebas médicas preliminares me asustaron y llevaron a pensar que el cáncer ahora me tocaba a mí. El día que recibí los resultados, fui a mi granja y recorrí los campos, huertas y bosques, conversando con Dios. Abrí mi corazón, confesé mis pecados, expresé mi rabia y pedí ayuda. Volviendo a mi hogar, me detuve en una tienda multiservicio. En el momento de entrar, recibí una llamada telefónica por lo que me senté en el banco de madera que estaba en el frente. Al apoyar el brazo en el apoyabrazos, mi mano se topó con una cruz de madera de bolsillo.
Durante los meses siguientes y mientras me sometía a una biopsia y aguardaba angustiado los resultados, llevé esa cruz en el bolsillo todos los días. Cada vez que buscaba la crucecita para tenerla en la mano, sentía la seguridad de que no importa lo que pasase, estaría bien porque Dios iba conmigo. Cuando supe que los resultados eran negativos, regresé y puse la cruz donde la había encontrado, para que transmitiese la serenidad de la gracia de Dios a otra persona.
Gracias al apoyo de los donantes, cualquier persona puede leer la meditación de hoy sin iniciar sesión por hasta 7 días.
Considere apoyar nuestro ministerio. Su donación o suscripción de pago ayuda a garantizar que lectores de todo el mundo sigan recibiendo aliento espiritual a diario.
Compartir en redes sociales