Dar, pero también recibir
[Jesús] ...les mandó que no llevaran nada para el camino. Aparte de un bastón, no debían… Más detalles
[Jesús] ...les mandó que no llevaran nada para el camino.
Aparte de un bastón, no debían llevar mochila,
ni pan, ni dinero en el cinto.
El Nuevo Testamento está lleno de instrucciones sobre dar a
los demás. «…Dios ama al que da con alegría» (2ª a los Corintios
9:7). «Hay más dicha en dar que en recibir» (Hechos 20:35). «…
anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres» (Marcos
10:21). Estos versículos muy conocidos y otros más sostienen el
dar como un acto virtuoso, generoso y necesario para todas las
personas que siguen a Cristo. Dar generosamente es esencial
para hacer realidad el reino de Dios.
Ahora bien, a veces cuando nos enfocamos en el aspecto de
dar alegremente, no le prestamos atención a la importancia de
recibir. Después de todo, para dar debe haber alguien a quien
darle, que reciba lo que se brinda y lo utilice. La relación que se
forja cuando damos y recibimos es la esencia de la hospitalidad
bíblica. Al enviar a sus discípulos de dos en dos, Jesús les instruye
que no lleven nada consigo. Al hacerlo, deben confiar en
la hospitalidad de otras personas y reconocer lo que tienen para
ofrecer sus anfitriones, incluso cuando los discípulos llevaban
para compartirles poder sanador y las buenas nuevas de las enseñanzas
de Cristo.
En este número de El Aposento Alto, los escritores describen
algunas de las maneras en que recibimos de Dios consuelo,
guía y claridad. Para brindarnos y compartir nuestros dones con
quienes nos rodean, primero debemos recibir de Dios, Dador
de todo bien. En las próximas semanas, es
mi oración que cada uno de nosotros pueda
aceptar los dones que nos ofrece Dios y, a la
vez, dar generosamente a toda persona que
nos encontremos.
— Lindsay L. Gray
Directora Editorial
Th e Upper Room

Compartir en redes sociales