Sr. Jerry Albritton
(Kentucky, EE. UU.)
Pero al sentir el viento fuerte, tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces gritó: —¡Señor, sálvame! Enseguida Jesús le tendió la mano y, sujetándolo, lo reprendió: —¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? - Mateo 14:30-31 (NVI)
Hace poco tiempo me enteré de que mi nieto de diecisiete años participó en un rescate en el mar. Mientras nadaba con un amigo, una corriente comenzó a alejarlos de la costa. Cuando nadaban de regreso, escuchó a un joven pidiendo auxilio ya que la corriente también lo llevaba mar adentro. Mi nieto volvió para ayudarlo.
La víctima gritaba, presa del pánico, diciendo que no sabía nadar en el mar. Mi nieto le dijo que debía calmarse y confiar en que él podía salvarlo, y así lo hizo. Ambos sobrevivieron por la gracia de Dios.
Esta situación me recuerda la confianza salvadora de Pedro en Jesús. Cuando Pedro tuvo miedo y comenzó a hundirse, clamó a Jesús. El Maestro lo rescató diciendo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?».
Tal vez en ocasiones dudemos de si el Señor puede rescatarnos de nuestras circunstancias. Sin embargo, he aprendido que la persona más confiable a la que puedo acudir siempre es Jesús. Él comprende nuestros problemas y nos ayuda porque nos ama. Cuando una tormenta nos hace zozobrar, confiemos en que Jesús nos guiará seguros a la costa.
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