Sra. Christy Nicholson
(Tennessee, EE. UU.)
A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. - Lucas 6:30 (RVR)
Saliendo de la tienda de comestibles de mi barrio, suelo ver a un joven parado en la esquina, portando un cartel que dice: «Sin techo. Por favor, dé algo. Todo ayuda». Está allí semana tras semana, esperando que alguna persona lo vea y contribuya. Me he acostumbrado a verlo y no siempre recuerdo observar si está allí. De tanto en tanto, le doy algo de dinero, pero me pregunto: ¿El dinero le ayuda de verdad?
Luego leo en Lucas 6:30: «A cualquiera que te pida dale...». Y me pregunto cómo sería poner en práctica estas palabras de Jesús cabalmente. El Señor no me pide que arme una organización de caridad o determine qué debería hacer este hombre con su vida. Jesús solo me pide que dé. ¿Qué si simplemente le doy a cada persona que me pide — sin juzgar si lo necesita o si será bien usado? ¿Qué si hago un esfuerzo extra y estoy atenta a quienes necesitan ayuda a mi alrededor?
Algunos días puedo darle muy poco, otros, un poco más. Y otros días solo puedo ofrecerle una oración sincera al pasar por ahí. Pero cuando doy lo que puedo a cada persona que pide, confío en que estoy oyendo las palabras de Jesús y aprendiendo a seguirle más de cerca.
Gracias al apoyo de los donantes, cualquier persona puede leer la meditación de hoy sin iniciar sesión por hasta 7 días.
Considere apoyar nuestro ministerio. Su donación o suscripción de pago ayuda a garantizar que lectores de todo el mundo sigan recibiendo aliento espiritual a diario.
Compartir en redes sociales