Sra. Alleuia Chitra
(Andhra Pradesh, India)
Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito. - Romanos 8:28 (NVI)
Cuando me mudé de la bulliciosa ciudad de Chennai a un pueblo distante, sentí que daba un paso atrás. Había desarrollado mi carrera, contaba con amigos y con una iglesia amorosa.
Ahora bien, cuando nos reubicamos, debía caminar tres o cuatro kilómetros para comprar alimentos. El idioma y la cultura eran diferentes y no había ningún rostro familiar que ofreciera amistad. Me sentía sola, desalentada e insegura.
En medio de aquella confusión, dije: «Señor, muéstrame qué debo hacer en este lugar. Nos brindaste tantas oportunidades maravillosas en Chennai. ¿Cuál es tu propósito para mí aquí?».
En un momento de oración, recordé el versículo de Romanos 8:28 y me aferré a la promesa. Comencé a confiar en que aun en este lugar desconocido, Dios obraba para mi bien.
A medida que el Señor abría nuevas puertas, las cosas comenzaron a cambiar. Entablé nuevas amistades y descubrí nuevas habilidades. Aprendí a cocinar de manera creativa y gané confianza a la hora de conducir. Dios me llevó a una nueva etapa de crecimiento.
Cuando el desaliento intenta establecerse dentro de mí, recuerdo esto: «Yo estoy en Dios y Dios está en mí». Esto tan simple me transforma, me da paz, gozo y una sensación de propósito, sin importar donde estoy.
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