Sra. Mariel Alcántara
(Santo Domingo, República Dominicana)
Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios losperdonó a ustedes en Cristo. - Efesios 4:32 (DHH)
Hace unos meses una amiga cercana con quien compartía muchas cosas, de repente se alejó de mí. En varias ocasiones le pregunté si había pasado algo, puesto que ya nuestra amistad no era igual. Luego de tres intentos de mi parte por saber qué ocurría, me dijo que alguien le había comentado algo sobre mí. A pesar de insistir en conversar para sanar, ella nunca me dijo nada. Empezó a hablar mal de mí a otras personas. Fue un momento de mucho dolor e ira porque me sentía aislada, dolida y sola, pues era mi amiga y la quería. No podía entender cómo alguien cambiaba así de repente sin darme la oportunidad de aclarar las cosas. Me enojé y dije que me iba a mantener aislada y a tratarla igual que ella a mí.
Una noche haciendo mi devocional leí en Mateo 18:22: «Jesús le dijo: —No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete». Comprendí que si el Señor me ha perdonado tantas veces, quién soy yo para no perdonar, inclusive si la otra persona no ha solicitado mi perdón. Debemos siempre tener un corazón dispuesto a perdonar, a dar amor, a ser luz en medio de la oscuridad. Mi amiga aún sigue con la misma actitud, sin embargo yo oro por ella para que el Señor transforme su corazón.
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