Sra. Carol Westerlund
(Uusimaa, Finlandia)
Siempre llevamos en el cuerpo, y por todas partes, la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nosotros. - 2ª a los Corintios 4:10 (RVC)
Me gusta recoger frascos vacíos que vuelvo a usar. Algunos los lleno con jabón líquido para manos que elaboro yo misma. En otros, guardo mi colección de botones. Si necesito reponer un par de ojitos en un elefante de peluche, ¡sé dónde buscar! También tejí al crochet una cubierta para uno de los frascos más grandes y lo convertí en un florero. La belleza de un recipiente vacío es que está vacío y listo para ser llenado.
En ocasiones, somos como frascos vacíos. Cuando vivimos dificultades, nos sentimos como una cáscara, sin posibilidades de confiar en nuestro propio poder o capacidades. Puede tomar mucho tiempo o una crisis real para que finalmente volvamos a Dios. Es posible que nos preguntemos cómo podría usarnos el Señor, pero aquello que parece ser un espacio vacío en nuestras vidas es simplemente el lugar para que el Creador obre y utilice para su propósito. Cuando acudimos en oración a nuestro Padre celestial, hemos de confiar en que seremos llenados con su presencia. ¡Dios también usa frascos vacíos!
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