Sra. Mary J. Foust
(Texas, EE. UU.)
…no me hagas rico ni pobre; dame sólo el pan necesario… - Proverbios 30:8 (DHH)
Siempre tuve un físico grande y viví con una presión interna y externa de ser más pequeña. A los trece años comencé mi primera dieta; hacía mucho ejercicio. Perdía peso rápidamente, pero al intentar retomar hábitos alimenticios normales, volvía a subir. En poco tiempo recuperaba el peso perdido. Entonces comenzaba otra dieta. Este patrón de dietas y aumento de peso se convirtió en una forma de vida. Perdí mi capacidad para discernir cuándo sentía hambre o en qué momento estaba satisfecha. No tenía idea de cómo moderarme.
Cuando leí el versículo de Proverbios 30:8, sentí que me hablaba directamente sobre mi trastorno alimentario. Oré y pedí al Señor que me ayudara a encontrar mi porción — ni mucho, ni poco. Dios me ayudó para comprender que mi visión de la comida, la imagen corporal y la autoestima estaban distorsionadas. Me libró de ellas y las reemplazó con lo real y lo verdadero. Dejé de lado la imagen que tenía de un cuerpo ideal y comencé a encontrarme con el valor genuino de ser una hija de Dios.
En cuanto a la comida, adopté las porciones descritas en los envases de los alimentos. Dejé de consumir productos de dieta y me enfoqué en la preparación de alimentos saludables. Con la ayuda de Dios y estas prácticas, fui logrando el comer de manera moderada. Hoy en día me liberé de aquel ciclo de dietas y aumento de peso. Soy capaz de comer con moderación y aprendí a amarme tal como soy.
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