Sra. Sarah Grace Thompson
(Texas, EE. UU.)
No niegues el bien a quienes lo necesitan, si en tu mano está hacerlo. - Proverbios 3:27 (NVI)
Mientras la dermatóloga examinaba mi cuero cabelludo, me sorprendió diciendo: «¡Los peluqueros salvan vidas!». Explicó: «Es más fácil ver el cuero cabelludo cuando el cabello está mojado. Los pacientes que acudieron a mí para una consulta fue porque su estilista encontró algo en la cabeza al lavar el cabello, y resultó ser cáncer».
Esperamos que los médicos profesionales nos ayuden, pero mi doctora estaba reconociendo a ciertos peluqueros por salvar la vida de algunos pacientes — ¡y con razón! Detectar cáncer de piel no es parte del trabajo de un estilista, pero en esa profesión tienen una oportunidad especial para notar algunas cosas y alertar al cliente.
Todos tenemos la capacidad de servir a los demás, sin importar nuestra profesión. Por la gracia de Dios, servir bien —aun salvar vidas— está dentro de nuestro poder. Es fácil perder la oportunidad de ayudar a otros. La rutina y las relaciones se vuelven tan de costumbre que no notamos el desánimo de un amigo, la pena de un desconocido o los problemas del mundo. Si nos damos cuenta, podemos decidir que no es asunto nuestro y retenemos el poder de hacer el bien. Pero cada día Dios nos da la oportunidad de ser las manos y los pies de Jesús. Cuando lleguen esas oportunidades, que tengamos la confianza y la compasión para actuar sobre ellas.
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