Sra. Lorraine Ray
(Tennessee, EE. UU.)
Grande es el Señor y digno de toda alabanza; su grandeza es insondable. - Salmo 145:3 (NVI)
Cuando visito a mis nietos, siempre llevo conmigo un bolso de color rojo. Ellos saben que ahí hay bocadillos y juegos. Ahora que mis nietos tienen seis y ocho años, corren a mi encuentro cuando me ven llegar y lo primero que hacen es mirar dentro del bolso. Esto se convirtió en una hermosa tradición que me alegra el corazón, pero un día les dije, sonriendo: «Espero que no me amen solo por los bocadillos».
Cuando pienso en mi Padre santo, que con generosidad me provee y me bendice, me resulta fácil estar agradecida. Ahora bien, al dar gracias por lo que Dios hace, ¿acaso recuerdo alabarle por lo que Dios es? El Salmo 145 dice que el Señor es confiable, justo, misericordioso y compasivo.
A veces vivimos tiempos difíciles. Es posible que estemos esperando respuestas. Tal vez el desaliento nos haga sentir que Dios ya no nos bendice. En momentos como esos, ¿sigo alabando a Dios de manera espontánea o apasionada? Debo alabarle de manera intencional. Amo todas las cosas buenas, pero amo todavía más al Dador de toda buena dádiva (Ver Santiago 1:17).
Gracias al apoyo de los donantes, cualquier persona puede leer la meditación de hoy sin iniciar sesión por hasta 7 días.
Considere apoyar nuestro ministerio. Su donación o suscripción de pago ayuda a garantizar que lectores de todo el mundo sigan recibiendo aliento espiritual a diario.
Compartir en redes sociales