LA IGLESIA EN SU MEJOR MOMENTO

1 de mayo, 2019 por Andrew Breeden

Asistí a una universidad cristiana que le requería a sus estudiantes
participar del servicio celebrado en la capilla todos
los días. Muchas veces estos servicios constituían una obligación
y hasta interrumpían mi día y ocupaban tiempo que podría
haber utilizado para otra cosa. Asistía para que marcasen
mi asistencia y tan pronto terminaba, salía para continuar con
mis tareas. Tenía dudas sobre si encajaba en la comunidad y a
veces pensaba si no fuera mejor para mí estar en otro lugar.
Fue entonces que un día fueron al servicio los parientes de
un profesor fallecido. Como gesto de apoyo y cariño, cantamos
para la familia. En la tradición de mi iglesia, cantar «salmos,
himnos y canciones espirituales» (Efesios 5:19, NVI) es un aspecto
importante de la adoración y sabemos hacerlo bien. Me
gusta mucho cantar, y amo gran parte de la música que forma
parte de la tradición de mi iglesia. Fue un buen momento tanto
para mí como para mi comunidad de fe. Todavía es difícil describir
lo que sucedió, pero algo sagrado y poderoso ocurrió,
algo que me sostiene aún el día de hoy.
Si alguien me pregunta qué me mantiene activo e involucrado
en la comunidad de la iglesia, qué me impulsa a seguir
asistiendo con fidelidad en los momentos de duda, qué me
alienta y me da fuerza cuando fracaso, le contaría lo que
sucedió esa mañana en la capilla, cuando era estudiante. Mi
comunidad se unió para mostrar su amor y apoyo a personas
que sufrían una gran tragedia. En aquel momento— a mi entender
— la iglesia estaba en su mejor momento.
Confieso que, desde entonces, durante los domingos en
la iglesia siento nuevamente las mismas dudas que cuando
estudiaba: ¿Pertenezco aquí? ¿Sería mejor estar en otro lugar?
A veces me siento frustrado, y quiero rendirme. Estoy tan enfocado
en lo que no va bien que pierdo de vista lo que sí va bien.
A veces me resulta difícil ver más allá de la manera en como
nos tratamos unos a otros— las palabras que decimos sin
pensar o las necesidades de los demás que pasamos por alto
porque estamos enfocados en trivialidades.
Cuando me siento cansado de la comunidad de mi iglesia,

recuerdo aquel momento en la capilla. Me recuerda todo lo
que es bueno de la iglesia y que estamos en nuestro mejor
momento cuando nos cuidamos unos a otros— cuando nos
amamos, sostenemos y alentamos. Como dice el autor de la
carta a los Hebreos: «Busquemos la manera de ayudarnos unos
a otros a tener más amor y a hacer el bien. No dejemos de asistir
a nuestras reuniones, como hacen algunos, sino animémonos
unos a otros...» (10:24-25, NVI). Agradezco a mis compañeros
cristianos que me brindaron su ayuda, especialmente en mis
momentos de debilidad y duda. Sigo dando gracias por aquel
momento en la capilla y cómo me sostiene.
Nuestras comunidades de fe no siempre han tenido la
razón. Esto ha sido el caso por muchos años, manifestado al
leer las cartas de Pablo. Pero en muchas ocasiones sí lo hacen,
y en esas ocasiones, creo que en verdad lo hacemos bien.
Cuando nos parecemos más a Cristo en nuestros pensamientos
y acciones es cuando recibo más alimento espiritual. Creo
que esto vale para todos nosotros. A pesar de que en ocasiones
cometemos errores —tanto individual como colectivamente
— no debemos desalentarnos sino seguir intentando parecernos
a Cristo cada día. Así que amémonos, y alentémonos en
nuestro caminar diario. No nos rindamos cuando nos acosan
las frustraciones y las dudas, sino que mostremos el amor y la
compasión cada vez que tengamos oportunidad. No sabemos
qué diferencia podrá marcar nuestra actitud.
Varias de las meditaciones en este número tratan sobre la
comunidad cristiana. Tal vez desee leer nuevamente las publicadas
los días 2, 18, 22, y 26 de mayo y 5, 9, 10, 19, 23 y 30 de
junio antes de responder a las siguientes preguntas.

Preguntas para la reflexión:

1. ¿Ha experimentado frustración o dudas dentro de su comunidad de fe? ¿Cómo lidió usted con esos sentimientos? 2. Dé un ejemplo de lo mejor de su propia comunidad que muestra amor, sostén y aliento cristiano.


— Andrew Garland Breeden
Editor Asociado de Adquisiciones


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Acerca de la guía de meditaciones

La misión de la revista El Aposento Alto es proveer una forma práctica de escuchar la Escritura, de conectarse con los creyentes alrededor del mundo y de pasar un tiempo con Dios cada día.

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