Vivir como testigos de la Pascua

1 de mayo, 2019 por Lindsay West (Texas)

«Dios ha resucitado a ese mismo Jesús, y de ello
todos nosotros somos testigos».

— Hechos 2:32 (DHH)

En el tiempo posterior a la Pascua parece que la muerte
y la resurrección de Jesús deberían haber transformado por
completo al mundo. ¡Jesús ha resucitado! Ha aparecido a sus
discípulos y el Espíritu Santo está entre nosotros. Sin embargo,
el mundo sigue sufriendo violencia y malestar. La gente aún se
enferma y enfrenta persecución. Para los primeros seguidores
de Jesús tal vez podría haber sido más sencillo reflexionar sobre
los eventos increíbles de la vida de Jesús con gratitud y asombro,
pero moverse luego hacia otra dirección, menos desafiante que
aquella a la que los llamó Cristo.
A veces es tentador rendirse, apartarse de un llamado confuso
o un ministerio difícil o de la tarea agotadora a la que Dios
nos ha llamado. Como muchos de los autores de este número
nos recuerdan, los tiempos difíciles a menudo nos ofrecen la
oportunidad de vivir nuevamente la presencia renovadora de
Cristo y reclamar nuestra identidad como hijos amados de Dios.
Nos recuerdan que seguir a Jesús no es fácil, pero que finalmente
vale la pena. Cuando nos aferramos a la promesa de una
nueva vida en Cristo y persistimos en oración y en el camino de
fe, proclamamos la esperanza de la resurrección que encarna el
tiempo de Pascua.
Vivir como testigos de la Pascua en medio de las dificultades
de la vida cotidiana no es sencillo, pero juntos —como cuerpo
de Cristo— podemos recordarnos unos a
otros de la esperanza y el gozo que Dios nos
ofrece. Al recorrer esta estación juntos, es mi
oración que las historias honestas de lucha
y aliento en este número les brinden fuerza
para perseverar cuando la vida no es fácil y
que los relatos de gozo les ayuden a celebrar
la buena vida posible mediante Jesucristo.

Lindsay L. Gray
— Directora Editorial, The Upper Room


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