ES ESE MOMENTO DEL AÑO

1 de enero, 2019 por Andrew Breeden

No soy de los que toman decisiones para el nuevo año. No
estoy en contra de esta costumbre, es solo que cuando pienso
en un hábito nuevo o algo que quiero comenzar, lo hago cuando
se me ocurre, ya sea enero o junio. Tal vez este año sea diferente.
El día de Navidad, después de abrir los regalos y compartir la
cena, todos nos movimos a la sala para mirar viejos vídeos caseros
filmados hace treinta años por mi padre con una filmadora
VHS de aquellas que se montaban sobre el hombro. En esos
vídeos no podía verse nada particularmente impresionante: un
panorama de nuestro jardín, a mamá sentada en una silla de
patio con mi hermana en brazos, la nueva parrilla a gas propano
de mi padre, un segmento bastante largo en el que se me veía
comiendo arena. Pasamos directamente a varias escenas en el
comedor de mi abuela donde podía verse a dos de mis bisabuelos,
ya fallecidos, entre las personas sentadas a la mesa.
Qué sorprendente fue verlos en la filmación y darse cuenta
de lo rápido que habían pasado tres décadas. Una fotografía
captura un momento en el tiempo en una sola imagen, pero
estos vídeos viejos preservaron todo de manera más vívida. Ver
las fotos de miembros de la familia que ya no están es algo especial;
pero es una experiencia etérea verlos moverse y escucharlos
hablar. Al terminar el vídeo, permanecí sentado tratando de
no llorar.
He pasado más Navidades de las que quiero admitir yendo
y viniendo entre la alegría y el contener las lágrimas. Culpo a
mi melancolía navideña por el hecho de que, para mí, ese día
señala un momento en el tiempo, distinto a los cumpleaños, el
Año Nuevo o cualquier otro aniversario. La Navidad provoca en
mí una nostalgia que me esfuerzo en suprimir porque me deja
triste y vacío.
Navidad es el tiempo del año en el que me reúno con toda la
familia y me encuentro a mí mismo pensando en los seres queridos
que ya no están y preguntándome quién faltará el próximo
año. Las ausencias llenan la casa con más fuerza que las conversaciones
alegres en la sala, el aroma de la comida que llega
desde la cocina, y otros signos de vida que me rodean. Soy más

consciente que nunca de que el tiempo avanza y que lo hace
más rápido de lo que yo quisiera.
Continúo meditando sobre el efecto que me produjo el viejo
vídeo casero; me ayudó a comprender de una nueva manera
la verdad de lo que afirma Santiago: «¡Y eso que ni siquiera
saben qué sucederá mañana! ¿Qué es su vida? Ustedes son como
la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece».
(Santiago 4:14, NVI). Vaya— ¡qué noticia!. Soy niebla que aparece
por un breve instante y luego se disipa.
Al reflexionar sobre el año que pasó, con sus éxitos y fracasos,
recuerdo los momentos de dolor y aquellos llenos de
alegría. Al echar una mirada al año pasado, también miro el año
que está llegando y trato de imaginar qué traerá.
He tomado una decisión para este año: permitir que la fugacidad
de la vida guíe mis motivos, actos y decisiones para el año
que comienza— ser más amable, más rápido para ayudar, más
paciente para con otros y dedicar más tiempo a aquellos que
amo. Y en lugar de permitir que el paso rápido del tiempo sea
motivo de tristeza, convertirlo en un motivo de alegría.
¿Qué diferencia haría si este año yo aceptase el saber que
estaré aquí por un corto tiempo? En lugar de quedar vacío, ¿qué
si estuviese más dispuesto a amar y mostrar compasión, más
dispuesto a ayudar cuando me necesitan? ¿Qué si me deja feliz,
gozoso por la gratitud a Dios por cada momento que me da,
feliz por el amor de mi familia, feliz en la esperanza de una vida
más allá de ésta?
Este año, mi esperanza es que hallemos gozo en todos los
bellos momentos y fortaleza para afrontar los más amargos.
Gozo por el tiempo que nos ha sido dado,
por los recuerdos y aquello que ha de venir,
y por estar bien en el año que llega. Por la
oportunidad de un nuevo comienzo, una
mente más sabia y un corazón menos
cargado.

— Andrew Garland Breeden
Editor de Adquisiciones


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