
Anhelar la presencia de Dios
Como ciervo que brama por las corrientes de agua, así mi alma clama por ti, mi Más detalles
«La piedra que los constructores despreciaron se ha convertido en la piedra principal. Esto lo ha hecho el Señor, y estamos maravillados».
— Salmo 118:22-24 (DHH)
En el libro de Hechos, capítulo 4, el apóstol Pablo declara con osadía que Jesús es la piedra fundamental de una nueva clase de templo, una nueva manera de vivir y de adorar. El Señor ya no reside en una estructura de piedra, sino en los seres humanos — levantados y restaurados mediante el nacimiento, vida, muerte, resurrección y ascensión de Jesús, el Mesías. Fuimos liberados para convertirnos en el cuerpo del Señor, dispersos por la faz de la tierra para difundir «...una buena noticia, que será motivo de gran alegría para todos» (Lucas 2:10, DHH). Al entrar en el tiempo de Adviento, esta maravillosa revelación y misión se convierten en un recordatorio de que Jesús sigue siendo nuestra roca segura. Las arenas movedizas de la vida y el tiempo tal vez soplen a nuestro alrededor de modo incierto, pero estemos seguros de que el Dios del universo no nos ha dejado solos. El Señor ha actuado en nuestro favor y «...(nos) salvó de la fosa mortal, (nos) libró de (hundirnos) en el pantano. Afirmó (nuestros) pies sobre una roca;...» (Salmo 40:2, DHH).
—Reverenda Kimberly Orr
Editora mundial, The Upper Room