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15 de abril, 2018 por Ircha Martinez (Caguas, Puerto Rico)

Han pasado dos años desde la muerte de mi esposo. Durante este tiempo afirmo que he visto y seguiré viendo la bondad de Dios en la tierra de los vivientes, como dice el Salmo 27:13.  Los buenos recuerdos de su vida y experiencias estarán presentes en nuestra familia como su legado.

En septiembre de 2017,  Puerto Rico recibió los embates de los huracanes Irma y María. Durante la preparación del evento y posterior a ellos, nuestra familia recordaba sus instrucciones y sugerencias en situaciones similares. Ese es uno de sus legados, la seguridad y el bienestar de la familia.

Nuestra isla quedó destrozada, sin servicios de electricidad por mucho tiempo.  Aunque recibimos la ayuda de muchas personas, aún existen  comunidades sin acceso a electricidad.  Mi comunidad tardó cinco meses en recibir el servicio de electricidad. Mientras enfrentaba la falta de electricidad pensaba en cómo hubiera sido si mi esposo estuviera vivo. Pensaba, cómo estaríamos manejando su estado de salud y demás situaciones del hogar. Es entonces cuando doy gracias a Dios porque nos ha cuidado todo este tiempo, y porque él no sufrió mucho más. Sobrevivir a una enfermedad crónica en un evento catastrófico es difícil para todos, cuando no se tienen las condiciones óptimas.  Con estas experiencias nuevamente puedo experimentar que Dios continúa dejándonos saber que su cuidado y protección está presente en nuestra familia y comunidad. Mantener la fe, el optimismo y la confianza en Dios han sido elementos importantes para sobrellevar estas situaciones. Creer que la bondad de Dios es infinita y constante ha sido fundamental. Doy gracias a Dios por siempre ser nuestro ayudador y porque su amor es incomparable.


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